En los últimos meses, más de un espectador se habrá quedado asombrado con el creciente número de ataques cibernéticos de gran magnitud que han sacudido a empresas de renombre. Desde luego, la actividad de los hackers no constituye, por desgracia, ninguna novedad, puesto que es tan antigua como la propia red. Lo llamativo de los últimos tiempos es el impresionante número de usuarios afectados, como los casi 150 millones de “víctimas” del robo masivo que sufrió Equifax. No nos cansaremos de recordar que invertir en ciberseguridad ha dejado de ser una mera posibilidad, incluyendo pólizas específicas.

Fruto de esta creciente preocupación entre las empresas de gran tamaño, en 2016 el mercado de los seguros relacionados con la ciberseguridad movió cerca de 3.500 millones de dólares. Eso sí, no puede decirse que se trate de una tendencia asentada a nivel global, puesto que casi 3.000 millones de dólares en inversiones en ciberseguridad correspondieron a firmas norteamericanas, las más concienciadas con esta seria amenaza. Está por ver si episodios como el ataque a Equifax o el mediático WannaCry, acontecidos ambos en 2017, han llevado a otras compañías internacionales a redoblar su apuesta por la protección en línea.

Si tenemos en cuenta que, de acuerdo con los datos de la OCDE, el sector de los seguros de automóvil movió más de 200.000 millones de dólares en 2016, salta a la vista que buena parte del tejido empresarial global todavía no era consciente de la gravedad de la situación. Sí que cabe matizar que la ciberseguridad habría registrado avances interanuales cercanos al 30% entre 2011 y 2016, un ritmo de crecimiento muy superior al del resto del heterogéneo sector de los seguros. También se espera que medidas legislativas de tanto calado como la nueva Normativa de Protección de Datos de la Unión Europea contribuyan a potenciar las inversiones corporativas en este sentido. El texto será efectivo desde el próximo 35 de mayo.

La opinión de muchos expertos en ciberseguridad es clara cuando son interrogados por la falta de cultura de la protección en Internet en muchas empresas. Dado que una de las bases del sector de los seguros es analizar sucesos pasados para prevenir futuros problemas, esta lógica impide calibrar el alcance real de la amenaza digital. Como ya hemos destacado, los ciberataques aumentan año a año tanto en número como en intensidad, por lo que los criterios tradicionales de previsión de riesgos son insuficientes.

No es ningún secreto que los hackers se centran en buscar vulnerabilidades en los sistemas de seguridad de empresas y usuarios particulares. No puede evitarse por completo que estas sigan apareciendo, ya que muchos sistemas son totalmente seguros hasta que algún ciberdelincuente consigue hacer mella en los mismos. Con una póliza específica para este tipo de eventualidades, las compañías se aseguran de que su actividad no se verá excesivamente trastocada por un ataque cibernético. Al fin y al cabo, los nuevos riesgos requieren de nuevas coberturas.