Cuando hablamos de ciberdelincuencia es habitual pensar en los ataques dirigidos contra dispositivos electrónicos de última generación u ordenadores personales. No obstante, los ciberataques también están presentes en tecnologías que, quizá erróneamente, consideramos algo anticuadas. Una de las últimas grandes alarmas en materia de ciberseguridad tiene como objeto los cajeros automáticos, que han sufrido una auténtica oleada de ‘hackeos’ en los últimos meses en todo el mundo. Tras causar estragos en el sudeste asiático, en Europa y en América Central, estos piratas han dirigido su objetivo a Estados Unidos.

Así lo ha advertido el FBI, que ha identificado un riesgo muy considerable para el sistema financiero estadounidense, debido a los avanzados y potentes recursos con los que cuentan los ciberdelincuentes. Basta señalar que, solamente en Taiwán, los ataques a cajeros automáticos se saldaron con el robo de no menos de 2 millones de dólares. En los ‘hackeos’ detectados en EEUU, las fuerzas policiales han llegado a constatar la emisión de 40 facturas falsas cada 23 segundos. Estas facturas eran utilizadas, lógicamente, para vaciar los cajeros automáticos de manera fraudulenta y, como se ha apuntado, reiterada.

Norteamérica, que cuenta con una de las mayores redes de cajeros automáticos del planeta, con más de 400.000 terminales de retirada de efectivo, es un blanco muy apetecible para este tipo de delincuentes. La policía sospecha, de hecho, que los numerosos ataques registrados en otros países han sido, en realidad, un entrenamiento para perfeccionar las técnicas delictivas antes de dar el salto a EEUU. En Latinoamérica, por ejemplo, los ‘hackers’ se sirvieron de un malware conocido como Ploutus.D, capaz de infectar a los cajeros automáticos más modernos. Las mismas fuentes insisten en que la mayoría de ataques que se han llevado a cabo en otros países no podrían tener éxito en EEUU.

Aun así, el FBI no quiere dejar cabos sueltos. La seguridad de los cajeros automáticos norteamericanos es muy alta, al igual que los sistemas de protección adicionales de que gozan las sucursales bancarias. Por ello, se está poniendo especial énfasis en conseguir una mayor atención por parte de los usuarios, entendiendo como tales tanto a las entidades financieras como a sus clientes. En el primer caso, la responsabilidad es mucho mayor, dado que el cliente difícilmente podrá advertir que el cajero ha sido ‘hackeado’. Obviamente, el usuario particular también debería mostrarse más expectante a la hora de utilizar estos dispositivos.